Kyra NúñezNo es todos los días que una princesa se casa y ¡con quien quiere! Menos común que sea la heredera de un trono, como es el caso de Suecia, donde la princesa heredera Victoria estará de esponsales este sábado 19 de junio con un hombre común y corriente pero guapo, inteligente y deportista como es DanielWestling.
No me han invitado a la “bröllop” (boda) de Victoria pero tampoco me dijeron que no vaya así es que estoy levando anclas para no perderme la oportunidad de regocijarme con los suecos sobre este que es el acontecimiento del año en ese país nórdico pero también de todos los países de realeza donde, hay qué decirlo, los chismes sobre el romance, noviazgo, aparejamiento (acoplamiento no se oye ni se ve muy bien) y, UFFFF, finalmente el compromiso formal de la pareja corrieron, año tras año desde hace más de 10, en la prensa “ligera” y en revistas de todo tipo.
Pero lo que va al caso son dos hechos de importancia mayor –a mis ojos. El primero es algo tan banal como el romance entre una hija favorita y un muchacho. Muchos de nuestros lectores y lectoras que son padres pueden imaginarse muy bien lo que pasó entre la inteligente heredera del trono vikingo y sus padres Carlos Gustavo de Suecia y Silvia Sommerlath –aunque dicen las malas lenguas que la más ferviente opositora del noviazgo fue la reina Silvia quien, debemos recordar, no debió actuar así porque ella misma vivió el mismo caso pues siendo ajena a la realeza del mundo y trabajando de azafata de los Juegos Olímpicos de México, conoció al real detentor del trono sueco. Era chica la Victoria cuando se enamoro del muchacho al que ahora se refieren como empresario pero que era, en realidad, entrenador de gimnasia aeróbica en Estocolmo, pero ahora ya de grande, victoriosa salió. Dio pruebas de una perseverancia en el amor, infinitas. Lloró, gritó, sufrió, subió de peso de la tristeza y también bajó tanto de kilos que la gente quiso catalogarla de anoréxica cuando lo único que le pasaba era que sus padres se opusieron al amor con ese joven desconocido, sin profesión, sin sangre azul ni de chiste, sin dinero, sin familia de abolengo, en fin, todas esas cosas que a los padres no les gustan porque siempre sueñan con un príncipe encantador para sus princesas.
Esta Victoria real como ella misma, se empecinó en el amor sin dejar de lado su tarea, dura, constante, esclavizante como es el prepararse para reinar… algún día cercano. No le importó entre el amor y el trono, el chisme que corrió que cambiarían la Constitución sueca para que su hermanito fuera heredero si ella seguía terca en su noviazgo con Daniel. Paso a paso se preparó como princesa heredera; paso a paso de preparó como reina de su hogar.
El segundo hecho no es nada banal e implicó a un rey, a un jerarca religioso, al sistema político y a la sociedad y fue nada menos que el dónde y cómo efectuarse el enlace. El dónde fue resuelto un tanto rápidamente por cuestiones de cantidades, con la opción de la Gran Iglesia Storkyrkan, pues hubiese sido imposible tener a los miles de invitados en la iglesia del palacio real donde Victoria fue bautizada hace 33 años y donde la madre de la princesa y la iglesia querían que la princesa se convirtiera en esposa. El cómo fue casi casi batalla campal; la princesa Victoria pidió, como cualquier hija de vecina, que fuera su padre, el rey, quien la llevara al altar. ¡Horror!, dijo la iglesia para quien la princesa debía seguir la costumbre social sueca, muy de avanzada por cierto, donde la mujer y el hombre en esponsales entran como pareja para su enlace. El jerarca luterano incluso asumió que “siendo la princesa Victoria un modelo para las suecas, no debía caer en el tradicionalismo feudal”. El sistema político adujo de su parte las legislaciones nacionales y locales que protegen el papel de la mujer en la sociedad donde la igualdad de género es única y que por lo tanto Victoria debía comportarse como mujer adulta. Y la sociedad se rebeló: si la princesa quiere entrar a la iglesia del brazo de su padre, pues ¡que lo haga! Fueron días de negociaciones intensas y al final, la última palabra la tuvo nada menos que el padre rey.
En efecto, el rey decretó que era imposible considerar el matrimonio de la princesa empecinada en el amor con Daniel como un enlace mundano. No señor, la princesa es nada menos que la heredera de un trono y por lo tanto la ceremonia no puede ser una normal sino considerada como un acto de Estado. Y para cerrar con broche de oro decretó que siendo su padre, el rey vigente, sería quien lleve y entregue a Victoria, la futura reina de Suecia, como esposa.
Y así se acabará el cuento. Este jueves empieza el programa de la boda con una cena privada, pura sangre azul es invitada, en el castillo de Estocolmo ofrecida por los padres de la novia; mañana viernes será la cena de honor, que los reyes suecos ofrecen a 600 invitados representando a las comunas suecas quienes, por cierto, dan de regalo a los novios ¡200 mil copas de seis tamaños, en cristal cortado, para sus recepciones! seguida de un mega concierto que todo mundo puede seguir por televisión y radio, específicamente concertado para los futuros esposos. Y el sábado es el gran día; finalmente todos los secretos alrededor de Victoria serán revelados: la diadema que portará, el vestido, el bouquet, las joyas, el programa final de la boda con su entrada nupcial del brazo del rey de Suecia al sonar las 15:30 horas (hora apropiada para que las mujeres no tengan que cambiarse de vestido para ir a la recepción, lo que hubiese sido una logística horrorosa si la boda es por la mañana y la recepción por la noche).
Nada menos que 1,500 periodistas (mil suecos, 500 extranjeros de los cuales, vaya usted a saber por qué, la mayoría son alemanes) nos contarán los esponsales a través de miles de medios de comunicación y 25 cadenas de televisión extranjeras, para una boda que cuesta 20 millones de Coronas suecas pagadas, 50/50 por el gobierno, porque Victoria es princesa heredera, y por el rey que es el papá –pero que no le cuenten cuentos, el ingreso de la boda se estima en 2.5 billones de Coronas pues todo mundo está haciendo su negocito desde flores concebidas para el día a alhajas de todo presupuesto donde la mayor demanda son las alianzas de casamiento, pasando por chocolatitos y galletitas de todo tipo y costo. Son 7 mil agentes de seguridad quienes se encargan de que todo transcurra sin incidentes.
Los novios, ya casados, saldrán en carruaje del castillo para saludar al pueblo y luego tomarán un barco para ir al lugar de la recepción. Será una boda de princesa ¡sí señor!